1 María de la Esperanza Misioneras Diocesanas LM M. Blanco 0 María de la esperanza preparanos para recibir a Dios. Que tus dos manitos buenas recuesten al niño en nuestro corazón. (BIS) Madre de la aurora traenos al Señor, que nuestra pobreza haga de horizonte donde salga el sol. Madre peregrina, virgencita de Belén, traenos la buena nueva virgen misionera haznos renacer. Alegría de los pobres, madrecita del amor, amor hecho niño que une en su carne al hombre con Dios. Ilumina nuestra espera, que se haga realidad, ven a transformar la noche, nuestra noche oscura en Nochebuena. 2 La Fe Misioneras Diocesanas L F. Bernárdez M H. Blanco 1 Intro: Por lo desconocida y por lo bella, Por lo profunda y por lo desolada, Esta noche, Señor, es como aquella Que te sirvió de cuna y de posada. Esta dulce mirada de doncella Con que mira la noche abandonada Es la mirada de la misma estrella Que presenció en silencio tu llegada. Este dolor es el dolor del hombre Que a pesar de sufrir tuvo confianza Estos ojos, Señor, son como aquellos ojos que no perdieron la esperanza. Vuelve Señor otra vez 3 Espérame también Misioneras Diocesanas L P. Casaldáliga M H. Blanco 0 Porque lo espero a Él, y porque espero que, al encontrarlo, todos nos veamos restablecidos por el sol primero y el corazón seguro de que amamos; porque no acepto esa mirada fría y creo en el rescoldo que ella esconde; porque tu soledad también es mía; y todo yo soy una herida, donde alguna sangre mana; y donde espera un muerto, yo reclamo primavera. porque aprendí a esperar a contramano de tanta decepción: te juro, hermano, que espero tanto verlo como verte. 4 Mi fuerza y mi fracaso Misioneras Diocesanas L P. Casaldáliga M H. Blanco 0 Mi fuerza y mi fracaso, eres tú. Mi herencia y pobreza, eres tú. Tú, mi justicia, Jesús, mi guerra y mi paz, mi libre libertad. Tú, mi justicia, Jesús, mi guerra y mi paz, mi libre libertad. Mi muerte y mi vida, tú. Palabras de mis gritos, silencio de mi espera, testigo de mi sueños, cruz de mi cruz, tú. Perdón de mis pecados, tu juez de mi pobre llanto, razón de mi esperanza, mi tierra prometida, tú… Jesús. 5 Tarde te amé Misioneras Diocesanas L S. Agustín M H. Blanco 1 Tarde te amé, hermosura tan antigua Y tan nueva, tarde te amé. Tú estabas dentro de mí y yo fuera, me lanzaba sobre el bien y la belleza creados por Ti. Pero gritaste y alejaste mi sordera, me diste luz y borraste mi ceguera, me abracé a Ti. Exhalaste tu perfume en mi pobreza, me alegraste y despertaste en mi vida deseos por Ti. 6 Ternura de Navidad Misioneras Diocesanas LM A. Mayol 0 Un niño berrea en la noche oscura, la historia madura se ha partido en dos, y un buey y un burrito retienen su aliento frente al Dios con hambre que recién nació Una madre Virgen ofrece su pecho, ofrece su leche al verbo de Dios, y acuna en sus brazos el misterio inmenso al Dios que en su seno rostro le tejió. Rosado entre pajas sonríe el Niñito, regalo de carne que Dios nos dejó, y un buey y un burrito contemplan absortos al Dios que se duerme después que mamó. Y una madre Virgen lo vela en sus sueños, aparta las pajas que puedan pinchar: "Conserva tu sangre, ser de mis entrañas, hay tiempos y tiempos, mejor no pensar.” El puente de carne dormita en pañales, amor hecho abrazo entre el hombre y Dios; la estrella cansada concluye su viaje con guiños de luces al verlo al Señor. Reyes y pastores tomadas las manos, bailan una ronda con María y José. No hay ricos ni pobres juntito al pesebre, todos son hermanos del Dios de Belén. 7 Te diré mi amor Misioneras Diocesanas L T. Litúrgico adaptado M H. Gómez Carrillo 0 Te diré mi amor, Rey mío, en la quietud de la tarde, cuando se cierran los ojos y los corazones se abren. Te diré mi amor, Rey mío, con una mirada suave, te lo diré contemplando tu cuerpo que en pajas yace. Te diré mi amor, Rey mío, adorándote en la carne, te lo diré con mis besos, quizá con gotas de sangre. Te diré mi amor, Rey mío, con los hombres y los ángeles, con el aliento del cielo que espiran los animales. Te diré mi amor, Rey mío, con el amor de tu Madre, con los labios de tu Esposa y con la fe de tus mártires. Te diré mi amor, Rey mío, ¡Dios del amor más grande! ¡Bendito en la Trinidad, que has venido a nuestro valle! 8 Te hiciste palabra y canto Misioneras Diocesanas L H. Tavieres M H. Gómez Carrillo 0 No hay alegría más cierta, el Creador se hace humano. Un nacimiento que es Fiesta y es para todos, hermano. Un nacimiento que es Fiesta y es para todos, hermano. Un nuevo Sol resplandece en la noche del dolor, la tierra hoy se estremece, porque llegó el Salvador. La tierra hoy se estremece, porque llegó el Salvador. Te hiciste Palabra y Canto viniendo al mundo, Señor. Apagaste nuestro llanto, con este gesto de Amor. Esperanza y vida nueva, Dios por amor se encarnó. Misterio que se desvela cuando en la cruz lo entregó. José y María acunaron al Rey de la Creación, hombres simples contemplaron cielo y tierra en comunión. Hombres simples contemplaron cielo y tierra en comunión. Todo un pueblo peregrino, misericordia anhelaba, Jesús vos sos el camino, que el hombre errante esperaba. Jesús vos sos el camino, que el hombre errante esperaba. 9 Tengan los sentimientos de Jesús Misioneras Diocesanas L T. bíblico adaptado M P. Font de Frei 0 Tengan los sentimientos de Jesús, que siendo Dios se hizo hombre. Tengan los sentimientos de Jesús, que siendo Dios se hizo hombre por amor. El no defendió su igualdad con Dios, se despojó se hizo servidor, y apareció en la tierra con aspecto humano, y vivió como uno de tantos. El se humilló se hizo obediente, hasta la muerte y muerte en una cruz, por eso Dios lo engrandeció y le concedió el nombre, que está sobre todo nombre. Ante su nombre se arrodillan en el cielo, en la tierra y entre los muertos, y todos proclaman "Jesucristo es el Señor" para la gloria de Dios Padre. 10 Jesús mi alegría Misioneras Diocesanas L . Anónimo M H. Gómez Carrillo 0 Oh Jesús de dulcísi--ma memoria, que nos das la alegría verdadera, más que miel y que toda otra cosa nos infunde dulzura tu presencia. No habrá canto más suave al oído, ni que grato resulte al escucharlo, ni tan dulce para ser recordado, como tú, oh Jesús, el Hijo amado. En Jesús se confía el que sufre, qué piadoso te muestras al que ruega, qué bondad en ti encuentra el que te busca, qué dichoso será el que te encuentra. No habrá lengua que pueda expresarlo, ni palabra que pueda traducirlo, pues tan sólo el que lo ha experimentado, es capaz de saber lo que es amarlo.